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En el post anterior les conté sobre los principales lugares para visitar en la capital francesa y qué datos a tener en cuenta. Pero no existe viaje a una ciudad sin pasar por su cultura nocturna y platos típicos. En este post los invito a dar un paso más en nuestro viaje a París con tips de qué comer y hacer de noche en la ciudad.

La noche en París

Una palabra que combina muy bien con los parisinos es tendencia. Y con esto no me refiero sólo la moda en el campo de la indumentaria sino también en las costumbres. Una de ellas es fumar. Caminando de noche por el barrio latino se pueden ver grupos de jóvenes fuera de los bares y boliches fumando y charlando. El fumar es una actividad que reúne y convoca, es el inicio del tema de conversación.

Las noches de ese diciembre eran frías y pesadas pero con motivo de empezar mi cumple con nuevas experiencias, salimos a un bar. Por fuera era un lugar poco llamativo decorado con negros y rojos. El primer piso era así, pero al final del pasillo, una escalera que iba al subsuelo marcaba el límite de los ambientes. Una pista de jazz donde jóvenes, adultos, abuelos y músicos compartían cocteles y danza. Bailamos mucho, hasta gotera sudor en Le Caveau de la Huchete.

Viajes para el paladar: qué comer

París es la ciudad de las sillas en fila y los panificados. En cada esquina hay un bar con mesas en fila esperando a locales y turistas para deleitarlos con un café o bebida fresca. Los panificados, y con esto me refiero a la amplia gama de cositas dulces y saladas de una excelencia exasperante, están en las panaderías (valga la redundancia). La gente pasa a buscarlos a toda hora y en todo momento. Son exquisitos, todos.

Pero también hay lugares donde el café y la panadería de calidad convergen. Uno de ellos es el Café de los dos Molinos donde se filmó una escena de la película Amelié. Es un barcito muy canchero, cerquita del Moulin Rouge y donde vale la pena pasar por una merienda.

De estos hay miles y lo interesante es que París deja a la merced del consumidor la elección del paisaje: adentro para los más reservados, afuera para los que van solos o en grupos reducidos.

Como toda gran ciudad, hay un montón de platos y comidas típicas. Los que me conocen de historias como en Irlanda me la pasé tomando sopas, podrán imaginar que París no fue la excepción. La sopa de cebolla que tomé en múltiples lugares es increíble (y este adjetivo aplica a cada sopa, en cada lugar). Es pesada y sabrosa como un guiso, calentita como una manta en invierno. Tranquilamente se puede tomar como un plato de día o de noche.

Las crepas (o crepes) también son algo muy característico, y principalmente de la comida callejera. Los quesos están en todas partes, en cada plato y tienen sabores muy distintos. Pan y queso no están elegidos al azar para el juego de niños. En París esta combinación adquiere un significado particular y positivo; digno de ser probado en una degustación de quesos con un rico vino francés.

Ahora que ya sabes qué comer y hacer de noche en París, sólo queda sacar el pasaje!