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Llegué a París una tarde del 24 de diciembre con una explosión de emociones tremenda. Era la primera vez que viajaba a Europa y mi primer destino fue ese que deseé durante toda mi infancia. Fue un viaje reencuentro para conocer y re-descubrir. París a pie es el sinónimo de esta aventura de armar rutas por una ciudad que es tendencia tanto en la moda como en las costumbres. Esta es la primera parte de la historia. Al final de este post les dejo la segunda parte 😉

Viajar en fechas claves

Como les conté en este post , adoro pasar el año nuevo fuera de casa explorando costumbres y sabores. Una de las condiciones de este viaje, fue irnos muy cerquita de la fecha de navidad para poder aprovechar al máximo los días de vacaciones.

Créanme que llegar a París a horas de la navidad, con lagrima secas de emoción y con las revoluciones a un limite infinito fue una linda experiencia. Salir de una larga fila de inmigrantes y viajeros nos llevó dos horas. Viajar en fechas típicas tiene sus pros y sus contras. Les recomiendo que siempre tengan en cuenta un poco más del tiempo planificado por las dudas y para no perderse trenes o vuelos de conexión.

Las primeras horas en París

Era de noche y la Torre estaba iluminada. Saliendo del metro, tomamos las escaleras mecánicas. Una vez subiendo, giré la cabeza hacia arriba como si quisiera alargar el cuello. Vi luces en forma de estrellas. Mientras más subía, más claridad de su inmensidad. Ya casi se veía la Torre por completo. La sonrisa me explotó los cachetes. Bajé la cabeza y ahí estaba mi hermana, con un tapado largo y oscuro y hacía una cara pícara riéndose vergonzosamente. Este era el comienzo del reencuentro.

Cinco líneas sentidas que resumen mi llegada a la capital francesa. Con pocas horas de sueño y con una ducha encima, nos fuimos a festejar navidad a la casa de mi amiga Cami. Otro viaje en metro, las primeras caminatas de noche en la ciudad y subir una escalera de típica construcción francesa. Yo con sólo eso ya estaba enamorada.

La cena fue un éxito! Probé papines de varios colores, comí los mejores quesos del universo y los chocolates más ricos de Suiza. Las navidades en Europa son más familiares e incluso en muchos países se celebra como un almuerzo el 25 de diciembre. Pero como buenos latinos, armamos una juntada post cena con amigos inmigrantes hasta que se nos cerraron los ojos del sueño.

Los íconos de la ciudad tendencia

Era 25 de diciembre y muchos lugres no estaban abiertos o tenían horarios especiales ( y esto se mantuvo durante toda nuestra estadía). Por lo que decidimos explorar la París a pie y sacarnos la ansiedad visitando algunos de los principales atractivos.

La torre Eiffel es una torre de hierro muy cerquita del Rio Sena. A la torre se puede subir tanto por escaleras como por asesor y los precios varían según al piso donde vayas. Las vistas desde la torre son increíbles así que vale la pena dejar unos euros ahí. Como siempre digo, es mejor sacar las entradas de antemano para evitar largas colas (acá las pueden reservar).

Este monumento no lo es todo. La zona que lo rodea es un cuadro vivo para quedarse inmóvil por un rato y contemplar. Durante ese diciembre de 2016, París estaba repleto de ferias (Marché de Noel) donde venden comida y vino caliente. Por supuesto que bajamos de la torre y lo fuimos a probar mientras caminábamos por la zona.

Otro de los primeros destinos fue la Champs elysees, la principal avenida de París que estaba decorada adornos de luces navideños desde el arco de triunfo hasta el final. Esta puede ser vista como una gran avenida comercial, pero les juro que tiene una magia increíble. Tuve la oportunidad de ir tanto de noche y de día y creo que me quedo con la primera opción. Caminar por ahí me hizo acordar cuando estudié los puntos de fuga en la escuela. Desde una punta a la otra se ve qué hay del otro lado. Hacía rato que no veía un paisaje tan bajo y profundo en una ciudad.

El Louvre, otro paisaje hermoso que de noche es completamente distinto. Al museo por dentro lo recorrimos a los pocos días de estar en París. Es grande, muy grande pero vale la pena tomarse uno (o más) espacios para caminarlo, sino terminarás como todos buscando la Gioconda y listo.

El barrio Latino, Notre Dame y el pesebre inmenso y con detalles milimétricos nos llevaron todo un día de recorrida. Antes de irnos, pasamos por Shakespeare and Company , una hermosa librería con mucha hoja, palabra y aforismos en múltiples idiomas. En el lugar nos sorprendió una señora que tocaba el piano y cantaba en inglés. Imperdible una recorrida por este minúsculo aunque culturalmente poderoso lugar.

Mi último punto, pero no menos importante, es Montmatre . Se dice que es el barrio donde vivían los artistas. Si así lo fue, tiene todo el sentido del mundo ya que es de las cosas más hermosas que vi en París (si, incluso más que la Torre Eiffel). Hay construcciones cubiertas con enredaderas, artistas callejeros, una iglesia sobria de un gris monótono y que pisa fuerte, cafés, bares y muchas flores. Montmatre es inspiración francesa, es historia en cada esquina.  

Palacio de Versalles, un paseo de día entero

Mi estadía en la ciudad fue corta y un día entero fue dedicado al Palacio de Versalles. Justo el día de mi cumpleaños. La cola para entrar, como ya les adelanté al inicio de este post, era inmensa y nos llevó dos horas y media de espera. Valió la pena. Cada rincón del palacio es imponente. Desde los flecos de los almohadones hasta las arañas del techo. Desde los murales en el techo hasta las formas de los arbustos.

Estuvimos todo el día en el palacio caminando por los jardines, entrando a casa construcción y sacando fotos de todo hasta que bajó el sol y el frio nos penetraba por los zapatos un poco húmedos.

En Versalles celebré mi cumpleaños. Como no podía ser de otra forma con macarrones y velitas. Cantando en español en un patio interno del Palacio. Fue como volver a tener 6 años y repartir un pedacito de torta (bueno, pero acá un macarrón) a mis 3 invitadas.

Viajar en el invierno a Europa requiere madrugar y que el frío o la luz solar no te tiren para atrás a volver temprano al hospedaje. París en invierno fue una experiencia de días cortos pero sin duda increíble y que volvería a repetir.

¿Qué hacer en París de noche? ¿Qué y dónde comer? Les tiro algunos tips en este post. Los veo ahi 🙂